La Gata Viajera.
Una gata a la que su
dueña llamaba Mochis ( aunque la gata no encontraba sentido en
ese nombre, lo veía sólo como un montón de
letras vacías) decidió ver que había
detrás del jardín. Y de la calle. Y del barrio. Y
más allá de lo que sus potentes ojos como faros
podían ver.
Entonces,
saltó el cerco y miró. Nada raro... ¡¡
ZUUMM!! Una cosa horrenda pasó volando al lado de ella y le hizo
tragar un montón de humo asqueroso. La gata se puso a toser, se
erizó su pelo y le dirigió un soplido a esa cosa. Era un
auto, que es así como lo llamamos nosotros, los humanos.
¡¡¡ ZUMMMM!!! Otra cosa volvió a lanzar humo,
pero la gata estaba preparada. Se hizo una bolita
y se quedó allí, acurrucada y temblando, hasta que se dio
el paso de peatones. La gata levantó su cabeza, vio todo
tranquilo y, agitando su cola, corrió hasta la otra vereda.
Añoró su plato de leche de las tres y siguió
caminando, hasta que, cansada por el calor, subió a un
árbol, buscó un lugar acogedor y durmió.
Extrañaba tanto la colcha de casa, donde el ventilador agitaba
su cabello y la refrescaba... soñando, clavó sus
uñas en la rama, se acurrucó y siguió durmiendo...
Mientras
tanto, en la casa, la dueña de la gata, creyendo que se
había quedado dormida en su colcha, golpeó el plato de
leche contra el piso. TIK, TIK, TIK.
- ¡¡ Moochis!! Es hora de la leche...
Al no aparecer
la gata, la chica reflexionó y pensó que era un
día caluroso, muy perezoso, ideal para dormir. Pero era raro que
Mochis no apareciese... decidida, dejó el plato sobre una
bandeja, y fue a despertarla. No estaba. Buscó en todos los
rincones de la casa, hasta, que repasando el armario con la vista, se
dio cuenta de que había huído, y fue corriendo a
despertar a su mamá de la siesta.
La gata vio un
pájaro descansar en una rama del árbol. Estaba muy
cansada... además, ya había comido un poco de pescado
robado del plato de su dueña en la casa... Pensó en SU
casa. En donde la mimaban y le prestaban atención. Ahí,
en cambio, estaban todos esos extraños que la podían
patear, o llevar a algún lugar extraño... la gata
lanzó un maullido de pena y, sin dudarlo más, bajó
ágilmente del árbol y se agazapó en un
rincón hasta que se volviera a dar el cruce peatonal. Pero
estaba cometiendo un error...
- Mo... Mochis- alcanzó solamente a decir la dueña a su
madre, cuando esta abrió los ojos.
- ¿ Tiró la leche?- dijo la mamá con voz de
dormida.
- ¡¡¡ Se escapó!!!- dijo llorando la
dueña.
- ¡ Vamos, vamos a buscarla! No puede haber ido muy lejos...-
dijo la mamá, mientras se ponía un vestido. Salieron a la
calle.
La gata
curzó las dos calles, saltó la cerca y entró a la
casa por la puerta para gatos. Maulló esperandólas, pero
como nadie respondió, pensó que se habían ido de
compras y se metió abajo de un mueble. Se quedó dormida
ahí porque estaba muy fresco.
- ¡ Nada! ¡ No la encontramos!- dijo llorando la
dueña.
- Volvamos a casa y llamemos a alguien que nos ayude en la
búsqueda, pero antes, repasá primero bien toda la casa,
mirá si cuando abriste algo se asustó, salió
corriendo y se metió en algún otro lugar...- dijo la
madre.
- Bueno, vamos.
Llegaron, abrieron la puerta y corriendo, la chica salió en la
búsqueda.
- MOCHIS!!! MOOOOCHIS!!!- dijo, mientras miraba debajo del mueble en el
que estaba la gata- Me acuerdo que en éste no miré antes,
me olvidé... ¡¡ Acá estabas!! No te
habías ido...
La gata quiso
decirle que sí lo había hecho, pero como los gatos y las
personas no hablan de la misma forma, sólo ronroneó.
- Vení, Mochis, vamos a comprar algunas cosas, pero te llevo en
la cestita así no te escapás.
La gata no pensaba hacerlo, después de lo horrible que
había resultado su experiencia en la calle...
A Mochis le compraron un collar antipulgas, un plato para la comida, un
collar de ubicación por si se perdía, una mantita para la
cesta y un juguete para gatos. ¡ Ah! Y me olvidaba del
ratón de goma.
Mochis
volvió a casa feliz y jugó con las cosas, pensando que no
había lugar más interesante que dentro de casa, en donde
se sentía protegida, y le sonrió a la dueña.
Ésta pensó que estaba loca, pero igual, al servirle otra
ración de pescado, también le sonrió.
Fin.
Autora: Soly
Pais: Argentina.
Envio tambien: Una poesia "Gatos"