La Gata Extraña.

La que escribe es feliz dueña de tres gatos, dos de ellos, un macho y una hembra, son todavía bebés y el más grande, hace de madre, padre, y compañero de juegos de ellos, más o menos rudo, según sean las reglas.
Un día llegó a casa una señora anciana con una caja perforada; nos dijo que le habían dicho que necesitábamos otro gatito. Ella no sabía que ya teníamos dos pequeños más.
Nos dejó la caja dándonos no sé qué indicaciones acerca de que le costaría acostumbrarse un poco a la casa,pero que en un par de días lo lograría.
Con un sentimiento de extraña aversión abrimos la caja, y allí estaba acurrucada, una gata gris en actitud agazapada. Su mirada era muy fija en quien la miraba y la actitud de su cuerpo totalmente tesa, de manera que al levantarla paracia pesar el doble de su tamaño.
La cara de azoramiento de mi gato mayor al verla será algo difícil de olvidar: quedó parado en sus patas traseras, literalmente paralizado, hasta que ella comenzó a emitir soplidos y raras voces amenazantes, para inmediatamente ir a esconderse donde pudo.
Al principio lo tomamos como algo natural, pensando que se integraría pronto, pero no fueron pocas las noches en que mis hijos y yo fuimos despertados por aquella voz...o sonido indescriptible, áspero, vago, más de otro mundo que de éste. Si alguien cree haber escuchado alguna vez la voz perdida y lastimera de un alma en pena, no creo que haya algo más
parecido, ni más inhumano. Hacía que los cabellos de tu nuca se erizaran.
La sospecha de que había sido "la gata" no era suficiente para acallar nuestras tenebrosas fantasías.
Esto se prolongó por varias noches, mientras durante los días el animal permanecía escondido en las sombras de algún rincón de la casa, como un fantasma, como una silenciosa vigilante de la oscuridad.
Esforzando la vista, se podía ver su cuerpo agazapado y tieso y su inquietante mirada de redondas pupilas, demasiado dilatadas para ser normales.
Un día desapareció sin rastros, la gata sin nombre, seguramente sin nombre aún esté donde esté.
Vinieron a mi memoria leyendas en que viejas almas utilizaban gatos para manifestarse, antiguos guerreros, sabios indígenas que viajaban en sus pequeños cuerpos.
No lo sé, nunca lo sabremos, sin rastro y sin nombre...se perderá en el tiempo de los seres extraños que sólo pasan dar un vistazo a nuestras vidas alguna vez, y nunca regresan...
Con respecto a la anciana antigua dueña, no pudimos encontrarla jamás...
Maria Dolores Junqué. Argentina
(Morella Poe)
Escribió tambien...
Poesía: A los Gatos.