Esta es una historia de mi gatito Sorullito;
cuando lo adopte lo recogí de un vivero donde lo tenían
cazando ratones y apropósito no le daban de comer y me
sentí tan mal al ver que me miraba y lloraba de hambre,
así que decidí que este lindo gatito ya no iba a llorar
ni a sufrir mas, así que me porte al estilo de Robín Hood
y me robé el gatito, lo guardé en mi bolsa y se
quedó calladito como si supiera que no debía llorar
porque nos iban a descubrir, estaba tan flaco, sin pelo y bien feo.
Le empecé a dar comida para gato, el pobre
animal tenía tanta hambre que se comía todo hasta las
croketas del perro, el gato se encariñó tanto conmigo y
yo con él que se hizo un vínculo muy fuerte entre los
dos. Casi siempre que tenía que salir lo dejaba encerrado en mi
cuarto por que no podía quedarse solo ya que si no me
veía se desesperaba, lloraba y se salía a la calle,
podía pasarle algo. Cuando pasó el tiempo, se puso tan
hermoso mi Sorullo, que lo llevé al vivero para
enseñarselo a una señora que no lo quería para que
viera que el gato estaba bien y que yo si lo cuidaba, mi Sorullo era
muy bello y estoy feliz de haber tenido un gato muy hermoso y que fue
feliz.
Hoy Sorullo esta en el cielo de los gatos, y eso no es triste por
que es parte de la vida y sé que hay muchos gatos que hoy
necesitan de mis cuidados.
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