Muchos
dicen que los Gatos aman más la casa que a sus dueños y
Tigri me demostró que esa frase era otra de las tantas para
desacreditar a los Grandes Felinos Hogareños.
Tigri
tiene una larga historia, fue abandonada dos veces. La primera la
hallé frente a mi casa y la mantuve un tiempo, luego la robaron.
Varios meses luego, una madrugada, un auto que pasaba la estaba
devolviendo, siendo este su segundo abandono. Tigri se refugio en mi
cochera y la encontré a la mañana de ese mismo día.
Le
teníamos cariño pero era como una gata del barrio,
la dejábamos dormir dentro, la alimentábamos pero se iba
a vagabundear
por ahí, las noches que llegaba muy tarde subía al techo
de mi cuarto y
dormía allí, me encantaba escuchar como movía las
tejas.
Definitivamente se convirtió en una gata callejera con refugio.
Decidimos esterilizarla para que no tenga crías, hubiera sido un
peso
para ella tener que mantener gatitos con la vida que llevaba.
Un
día tuvimos que viajar, nos preocupamos por ella no
sabíamos
si llevarla o dejarla, fue una decisión difícil pero
pensamos que debía
quedarse, era una gata del barrio, creímos que no era parte de
la
familia. Tampoco podíamos llevarla por falta de operatoria.
Simbólicamente le deje bastante alimento en el patio de
atrás aunque no
le iba a durar las tres semanas que estaríamos fuera.
Habíamos hecho
una pequeña abertura en el lavadero para que pudiera entrar y
protegerse.
En
ese lapso nos habíamos arrepentido totalmente de nuestra
decisión, lo sentí como un abandono, rogué porque
estuviera bien y me di
cuenta que la quería más de lo que debía.
Al
fin, las tres semanas pasaron y volvimos. Salí al jardín
de atrás con pocas esperanzas,
no la llame
por miedo a que sólo un silencio me responda. No había
pasado una hora desde que
llegamos, me quede parada mirando el cerco y vi algo que se aproximaba
desde el jardín de al lado, se escuchaban maullidos desde lejos
cada
vez mas fuertes a medida que se acercaba y entonces fue cuando trepo el
poste que divide las
casas y le vi el rostro, ése no creí que vería, el
de
Tigri.
No
sé como fue, vino en seguida, parecía que sabia que
íbamos a llegar y nos estaba esperando. A los gritos me saludo y
la
acaricie contentísima, ella ronroneaba mucho. Entro a casa, se
subió a
la cama del living y amasaba las sabanas. Con mi papá
estábamos
asombrados y felices. Tigri cada vez que nos veía pegaba un
maullido y
estiraba la pata como diciendo "Los extrañe mucho".
Sus andanzas
callejeras disminuyeron aunque seguía yendose, prefería
salir al jardín
quedarse ahí y volver dentro.
Desde
entonces vive con nosotros y llevamos más de 3
años juntas.

Tigri
demuestra que el Cariño Gatuno va más allá de la
casa, ella nos
siguió queriendo a pesar de todo. Perfectamente pudo haberse ido
y no
volver, seguir su rumbo como una gata callejera pero Tigri nos
eligió.